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Guiños de Chirico y Magritte

29/01/2012 20:48 Leer el artículo completo en: El Diario de Yucatán - Cultura

Si la quimera original -aquella, la mitológica- vomita llamas y causa espanto con su aspecto amenazante de zoomorfo híbrido con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón, hoy llamamos con su nombre "una quimera", a todo aquello que la imaginación convoca pero no se materializa, todo lo que llegamos a pensar que es verdadero o posible, o realizable. pero que en realidad es un espejismo en el mundo de las ideas. Así, vivimos rodeados de quimeras, de monstruos de muchos cuerpos y cabezas que creemos que pueden aparecerse de pronto y a los cuales Álvaro Santiago ha sublimado y luego revestido de color, de humor, de intensidad. Hoy, como fantasmas corpóreos y humanizados, sus personajes, representados en casi toda su obra como seres humanos corpulentos y rotundos, que desnudos o vestidos se hacen livianos, vuelan, caminan, levantan objetos con las manos, se encaraman a los muros y hacen parecer posibles todos los quiméricos paisajes que los enmarcan y acogen; toda la utilería de objetos imposibles con los que hacen malabares, y los cielos y detalles que más que al surrealismo del siglo XX parecen remontar al espectador mucho más lejos: hacia los horizontes insondables de la pintura de El Bosco. Álvaro Santiago es de los autores que hacen confluir en su obra tanto el recurso inagotable de la imaginación del creador como el indudable control técnico del maestro y la impronta clásica que se evidencia desde la elección de sus materiales y soportes: óleo sobre tela, carbón y sanguina sobre papel y madera. La colección, más 30 piezas agrupadas bajo el nombre "La segunda quimera" deja en claro además las huellas imborrables de las vanguardias surrealistas del siglo XX. Influencias En su obra hay guiños de Giorgio de Chirico y sobre todo de René Magritte, cuya genética artística está implícita en Santiago; así como otros recursos surrealistas y oníricos (no fruto del automatismo, o por lo menos no lo parecen), reinterpretados en una obra que suma a un colorido muy luminoso una iconografía que apunta a objetos e imágenes cotidianas y propias de nuestro país envueltos de la fantasía del inusitado contexto, el tratamiento sorpresa y la solución inédita. Además, un apunte que la misma exposición proporciona: en el comentario de la hoja de sala, hay una puntual cita de su autor, Julen Ladrón de Guevara, quien indica que el pintor, como todo buen creador "no puede evitar ser autobiográfico pues su silueta se insinúa repetidamente y siempre aparece como testigo omnipresente de sus propios relatos, como si no quisiera perderse ni un minuto de su propia existencia, ni en la realidad ni en su vasto mundo imaginario". En suma, en la obra de Álvaro Santiago la técnica pictórica del maestro ha perfilado personajes y cosas como libros, cajas, calles, animales, costuras, maletas y otros objetos insólitos que se hacen amigos de los lienzos primero y luego se apropian de ellos. El autor, como el hacedor de historias visuales que es, marca una pauta y los deja ser. Y vuelve a transparentarse, como sin quererlo, una quimera nueva. La obra del oaxaqueño Álvaro Santiago está en el Macay, en las salas seis y siete, donde podrá visitarse hasta el próximo mes de marzo.- María Teresa Mézquita Méndez  

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